Tekit: el viaje a la capital silenciosa de la guayabera
- Humberto Thomé

- hace 1 día
- 2 Min. de lectura

Llegar a Tekit no fue una decisión cómoda, sino una consecuencia. En Mérida, la ciudad ordenada y luminosa, descubrí pronto que rentar un auto en temporada alta puede convertirse en un pequeño viacrucis. Fue entonces cuando opté por lo que pocas veces falla para comprender un territorio: el transporte público. Desde una terminal modesta del centro, cada quince minutos salen camionetas de pasajeros rumbo a Tekit, a poco más de una hora y media de distancia y por un costo verdaderamente asequible. No hay mejor preámbulo para una crónica cultural.
El transporte se fue llenando poco a poco. Allí todos se conocen. Son vecinos, parientes, compadres. Yo, un extraño evidente, despertaba miradas curiosas, pero ninguna hostil. Tekit está acostumbrado a recibir forasteros. “¿Quién va a manejar en este viaje?”, preguntan unos a otros; se llaman tía y tío con una naturalidad que revela una trama comunitaria viva. Cuando ya no hay asientos disponibles, algunas mujeres ofrecen llevar a los niños en las piernas para que otros puedan sentarse. Se conversa sobre los pendientes en Mérida, las fiestas de fin de año, la próxima feria de la guayabera en enero. El viaje es ya una experiencia social.
Al llegar, Tekit se revela de inmediato como lo que es: un pueblo comerciante con una vocación textil clara. Una tras otra aparecen tiendas de guayaberas. No hay transición suave: escaparates bien montados exhiben prendas masculinas y femeninas que juegan con las cromáticas locales, con blancos luminosos, azules suaves, tonos arena y contrastes precisos. La guayabera aquí no es souvenir: es identidad, oficio y sustento.
Adentrarse en el mundo de la guayabera exige atención. La calidad se reconoce primero en el plisado: el número de pliegues, su simetría, la limpieza de la caída. Luego vienen los colores y sus combinaciones; después, las categorías. Está la guayabera presidencial, sobria y de manga larga, pensada para actos formales; la cubana, más clásica en su trazo; la casual, ligera, de manga corta, hecha para el clima y el día a día. Las botonaduras dicen mucho: botones forrados, contrastantes, discretos. Las telas marcan diferencias sustantivas: lino 100%, mezclas más accesibles, el llamado “lino italiano”, cuyo nombre es ya una promesa comercial.














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