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VISIÓN Y PROPÓSITO DEL DIRECTOR

¿Quién es la persona que dirige la empresa? Y no pregunto por el nombre del director, ni por todos sus blasones, su experiencia o lo que estudió; voy al fondo de la persona: ¿quién es? ¿Por qué debería interesarnos saber qué tipo de persona es el director? Porque de ahí partirán los resultados de la empresa y su permanencia en el tiempo.


Me podrían decir que eso no es cierto, que depende del mercado y de cómo ejecutamos mejor. Y es cierto, pero ante esas circunstancias del mercado y la forma en que operamos, es porque el director tuvo la visión, definió el rumbo y buscó a quien lo ejecutara mejor que él. Atrás de esas decisiones se encuentra una persona que se formó como todas.


1. El liderazgo auténtico nace de la visión y el autoconocimiento del director.
1. El liderazgo auténtico nace de la visión y el autoconocimiento del director.

Dice la psicología que de los cero a los tres años es cuando se forma el carácter del individuo; es decir, nuestros padres o tutores nos instalaron el «software» bajo el cual operaremos en la vida. Ya luego siguen mejoras en el lenguaje, empezamos a socializar y nos enfrentamos a la construcción de nuestra autoestima. Es decir que, para que todo eso funcione, el «software» (sistema operativo) nos ayudará a responder ante las circunstancias de la vida. Por eso los tres años son fundamentales; de ahí que todos tengamos una identificación primaria, ya sea con papá o con mamá, lo que significa que inconscientemente tenemos más cercanía con uno o con otro, y eso nos permite tener seguridad en nuestro actuar.


Recordemos que nuestro cerebro es más instintivo que racional; al inicio de los tiempos, la tarea primaria del hombre era sobrevivir, por eso siempre estaba en modo de alerta con la adrenalina y el cortisol a tope.


Esos dos deseos van unidos siempre. Si solo vemos el deseo de crecimiento personal y no le incluimos que ese deseo debe contribuir para algo más bueno y mejor —y hago la separación de lo bueno y lo mejor porque a veces «lo mejor es enemigo de lo bueno»—, distorsionamos el propósito. Por eso, cuando pregunto quién es el director, estoy hablando de todo esto que hay detrás de su liderazgo; de ahí que, si queremos ampliar el talento de nuestra gente, todo debe empezar por él mismo.


Ahora bien, ¿cómo se desarrolla el talento? A través de la formación de hábitos que nos van moldeando; hábitos que no son solo la repetición automatizada de actos, sino que suponen una elección consciente y continua que va «cincelando» nuestra manera de pensar, sentir y actuar.


Por ello, una herramienta fundamental que tiene el director —y la gente que aspira a serlo— es practicar una y otra vez el autoconocimiento: saber por qué somos como somos y hacemos lo que hacemos, y empezar a desmontar aquellas «creencias» que son contrarias a nuestro propósito. Ahí nos va a ayudar nuestra fuerza de voluntad a lograr nuestro autocontrol. Pero para ello debemos estar en el aquí y el ahora para identificar pensamientos destructivos, palabras que no se debieron decir y acciones que no se debieron realizar (o algunas otras que no hicimos y que sí debimos llevar a cabo). ¿Para qué? ¡Para corregirlo de inmediato!



En esta columna, el director debería tomarse un momento para preguntarse quién es y por qué es así. Debería desmontar algunas ideas de su «sistema de creencias» —de ese «software» que nos instalaron nuestros padres y que con el tiempo fuimos arraigando (aunque por supuesto quitamos otras)— y reflexionar: ¿no sería un buen momento para darle un upgrade y que guíen todo lo que somos, tanto en el ámbito personal como en el profesional, los dos deseos superiores: el crecimiento personal y la contribución a nuestra familia, amigos, colaboradores, comunidad y, en general, a la sociedad?


Una vez que sobrevivió, el siguiente instinto fue la procreación: permanecer en el tiempo. Al avanzar el tiempo y el desarrollo educativo, económico, social, tecnológico, etc., el cerebro se reconfiguró, se hizo más grande y más inteligente.


2. Actualizar nuestro «software mental» permite evolucionar hacia metas superiores.
2. Actualizar nuestro «software mental» permite evolucionar hacia metas superiores.

Por eso la psicología actual nos dice que nos impulsan a actuar cuatro deseos básicos, pero también nuestro cerebro racional le da orientación a dos deseos de índole más elevada. Los básicos son: seguridad, variedad, singularidad y conexión. Cuando son gestionados de manera inteligente, van de la mano y se ordenan naturalmente a los deseos superiores: el deseo de crecimiento personal y el de contribución. Ahí está la gran esperanza que el cerebro intelectual aporta para el progreso y mejora de la sociedad.


3. Orientar el talento individual hacia el bien de la comunidad y la sociedad.
3. Orientar el talento individual hacia el bien de la comunidad y la sociedad.


Recordemos que el subtítulo de esta columna es la búsqueda del liderazgo para el bien común. Por eso, cada mejora a nivel personal será una gran oportunidad para lograrlo y convertirse en la columna maestra de una sociedad: buscando nuestro bien, pero orientado a contribuir al bien de los demás.


¡MANOS A LA OBRA!

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