Seguir siendo empresa
- Sinergia Tv

- hace 2 horas
- 4 min de lectura

Cuando el talento sobrevive, pero la estructura ya no alcanza.
Un buen amigo tomo una decisión complicada hace unas semanas, cerrar su empresa. El sueño de ser dueño que empezó hace veinte años termino en pesadilla. Con todo y sus respectivos monstruos. Aunque estos no eran físicos, sino financieros.
Al buen Toño lo conocí hace más de diez años. En aquel tiempo era mi "competencia”. Nos dedicábamos al mismo giro de maquinados, pero atendíamos industrias completamente distintas. Y también había una gran diferencia entre ambos. Yo le reportaba directamente a los dueños de la empresa donde estaba; él era el dueño de su empresa. A mi me renunciaron. Él tuvo que renunciar a un sueño.
Y no, este no es un caso dramático o triste. Toño es objetivo y pragmático. He conocido a
pocas personas con una capacidad técnica tan impresionante. De esos que realmente saben
más que su cliente sobre sus procesos. Al grado que su mismo cliente le hizo la oferta de
contratarlo. Por temas de confidencialidad no puedo decir el nombre de la empresa. Pero para que te des una idea es uno de los principales patrocinadores del Mundial de fútbol que
actualmente se está llevando a cabo.
La historia de Toño no se puede contar como derrota personal, pero tampoco como un éxito
profesional. Su habilidad sigue teniendo valor. Su experiencia sigue siendo necesaria. Su
conocimiento del cliente, de las piezas, de los tiempos y de como funciona la cadena de suministro sigue siendo útil. Lo que dejó de sostenerse fue la estructura de negocio que cargaba alrededor de esa capacidad.
Y no es un caso aislado, al contrario. Las cifras oficiales muestran una realidad difícil de ocultar. Van veintitrés meses consecutivos de caídas en registros patronales. VEINTITRÉS. Puede sonar un dato muy técnico, pero se puede traducir con una pregunta directa: ¿cómo puede sostenerse un negocio formal cuando cada mes sube la incertidumbre y la exigencia, mientras que al mismo tiempo disminuye el margen y la capacidad de respuesta?
No es una pregunta derrotista. Al contrario. Es una pregunta necesaria para quien quiere seguir adelante sin engañarse.
Quienes están frente a una empresa tienen preocupaciones muy concretas: cómo comprar
material, reparar una máquina, cobrar facturas vencidas mientras le explica al cliente porque ya no puede sostener los mismos precios. La pregunta que no los deja dormir no es si mejoró la inflación promedio. Es si alcanza para pagar la nómina. La de todo un equipo. Las familias que dependen de ella.
Y muchos siguen operando con una receta que caducó hace décadas: empuje, intuición y
capacidad para resolver sobre la marcha. No porque el esfuerzo haya dejado de importar, sino porque ya no basta.
Seguir siendo empresa requiere mirar con más claridad. Aceptar que no todo lo que aprieta a
una pyme viene de fuera. Pero también entender que lo que viene de fuera pega más fuerte
cuando la operación interna ya viene cansada. Y ese entendimiento puede generar una
oportunidad.
Mientras buena parte del país estará distraída con el Mundial, muchas pymes tendrán unas
semanas distintas. Un respiro momentáneo en el cual pueden replantear. No hace falta un gran diagnóstico lleno de presentaciones. Basta con revisar lo esencial: qué productos realmente dejan margen, qué clientes consumen demasiada capacidad, qué procesos generan más retrabajo, qué compras se hacen siempre con urgencia, qué inventario está detenido, qué máquina se vuelve cuello de botella y qué decisiones se han postergado porque la operación diaria no deja tiempo para pensar.
Y verlo de forma optimista. No de la forma romántica creyendo que todo se va a solucionar con el tiempo. Sino viendo la situación completa, y buscar como salir adelante. Porque aunque el entorno está difícil, pero no imposible. Y aunque hay factores que están fuera de nuestras manos, hay desiciones que si lo están. Medir mejor. Ordenar mejor. Cotizar mejor. Planear mejor. Producir con menos desperdicio. Cuidar el margen antes de que desaparezca. Dejar de subsidiar con esfuerzo personal lo que debería corregirse con método.
Pienso otra vez en Toño. No dejó de saber maquinar. No dejó de entender al cliente. No dejó de resolver problemas. Su capacidad sigue ahí; tanto, que hoy la empresa que antes le compraba lo integró para coordinar a otros proveedores.
Evitemos culpar a la falta de talento, de oficio o de ganas. A veces la estructura alrededor de
ese talento deja de ser viable.
Por eso los registros patronales a la baja deberían preocuparnos, pero también obligarnos a
actuar. Porque cada pyme que deja de ser empresa no solo cambia una razón social en una
base de datos. También cambia la forma en que se organiza el trabajo, se desarrolla oficio, se
forman equipos y se construye capacidad productiva.
Toño encontró una forma de seguir aportando. Bien por él. Pero como país, no deberíamos
conformarnos con que los buenos empresarios sobrevivan convirtiéndose en buenos empleados.
Necesitamos que más pymes puedan seguir siendo empresa. Y para eso no basta con
aguantar. Hay que aprender a operar mejor, decidir con margen y corregir antes de que la
urgencia decida por nosotros.
El autor es consultor en Excelencia Operativa, Columnista, Conferencista y autor del libro Habilidades Híbridas, donde aborda cómo integrar capacidades técnicas, criterio humano y liderazgo para competir en entornos de cambio.







Comentarios