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La tecnología avanza. Nuestras conversaciones no

hace 11 minutos
3 min de lectura
La tecnología avanza. Nuestras conversaciones no
La tecnología avanza. Nuestras conversaciones no

Las empresas incorporan herramientas, buscan nuevos mercados y preparan a sus directivos para competir. Pero una capacidad básica continúa fuera de la agenda: saber comunicarse.


El dueño de una empresa regresa de un encuentro empresarial entusiasmado con la inteligencia artificial. Reúne a sus colaboradores y les anuncia que deben comenzar a utilizarla cuanto antes. Alguien abre una cuenta, otro prueba una plataforma y cada área encuentra una aplicación distinta.


Dos semanas después, Ventas responde a los clientes con textos generados automáticamente; Administración prepara documentos que nadie revisa y algunos colaboradores han compartido información sensible sin saberlo. Todos obedecieron la instrucción. Nadie comprendió realmente qué quería resolver la empresa, hasta dónde podían avanzar ni quién debía responder por los resultados.


El problema no comenzó en la tecnología. Comenzó en una conversación que nunca ocurrió. Algo semejante está sucediendo en muchas PyME. La economía cambia, los consumidores comparan de otra manera y aparecen oportunidades para vender en otras regiones o países. Los directivos se preparan en finanzas, legislación, comercio exterior y nuevas plataformas. Todo eso es necesario.



Sin embargo, la manera de conversar dentro de la empresa permanece casi intacta. Las decisiones importantes siguen viajando en audios apresurados. Las diferencias se atienden cuando ya se convirtieron en conflicto. Los cambios se anuncian, pero pocas veces se explican. Y todavía se espera que un colaborador comprenda una instrucción simplemente porque quien la dio ocupa la dirección.


No creo que se trate de falta de interés. Muchos empresarios aprendieron a dirigir mientras resolvían pedidos, conseguían clientes y cuidaban la nómina. Desarrollaron una forma personal de comunicarse que funcionó mientras la empresa era pequeña, las relaciones eran cercanas y casi todo podía consultarse directamente con el fundador.


Pero el negocio creció. Llegaron más personas, nuevas generaciones, herramientas digitales, clientes con otras exigencias y decisiones que ya no caben en una conversación de pasillo.



El Foro Económico Mundial calcula que cerca de cuatro de cada diez habilidades utilizadas actualmente cambiarán hacia 2030. Junto con la inteligencia artificial y el análisis de datos, el liderazgo y la influencia social ganarán importancia. KPMG, por su parte, informa que ocho de cada diez organizaciones en México planean invertir en inteligencia artificial.


La tecnología está recibiendo presupuesto. La comunicación de quienes deberán conducirla todavía suele depender de la intuición.


Podemos llamar al entorno VUCA, BANI o encontrar otras siglas para describir la incertidumbre. Lo verdaderamente importante es más grave de lo que se cree: cuando todo cambia con rapidez, las personas necesitan conversaciones más claras para saber qué está ocurriendo, qué se espera de ellas y cómo deben actuar.


La inteligencia artificial puede redactar un mensaje impecable. No puede mirar el rostro de quien lo recibe, advertir que algo no fue comprendido ni reparar la confianza después de una conversación mal llevada. Tampoco puede asumir la responsabilidad por una instrucción ambigua o una decisión que nadie se atrevió a cuestionar.



Este desafío se vuelve todavía más delicado cuando una empresa prepara su transición generacional. Al sucesor se le enseñan las cuentas, los productos, los principales clientes y las obligaciones jurídicas. Pocas veces se le prepara para escuchar una objeción, comunicar una decisión difícil, corregir sin humillar o conversar con colaboradores que trabajaron durante años junto al fundador.


Se hereda la empresa, pero no siempre la capacidad para relacionarse con quienes la hacen funcionar.


Por eso, la comunicación no debería depender solamente del carácter de cada director. Necesita convertirse en un hábito empresarial: conversar antes de imponer, explicar las razones de un cambio, dejar acuerdos claros, escuchar lo que ocurre en la operación y comprobar que una instrucción fue comprendida antes de exigir resultados.


No hablo de aprender a pronunciar discursos ni de llenar la empresa de reuniones. Hablo de una capacidad mucho más práctica: conseguir que una decisión pueda viajar desde la oficina del director hasta el lugar donde debe hacerse realidad sin perder su sentido durante el camino.



Para no olvidar


La próxima brecha de la PyME mexicana no será únicamente tecnológica. También estará entre quienes sepan utilizar nuevas herramientas y quienes, además, sepan conducir las conversaciones necesarias para aprovecharlas.


La empresa puede comprar tecnología, contratar especialistas y explorar nuevos mercados. Pero si sus directivos no saben escuchar, explicar, acordar y corregir, todo ese avance descansará sobre relaciones cada vez más frágiles.


Cuando el mundo acelera, comunicar no significa hablar más. Significa conseguir que las personas puedan avanzar juntas.


Fuentes

World Economic Forum. (2025). The Future of Jobs Report 2025. Ginebra: Foro Económico Mundial.

KPMG México. (14 de abril de 2026). Ocho de cada diez organizaciones en México invertirán en inteligencia artificial a pesar de la incertidumbre económica.

KPMG México. (14 de julio de 2026). Empresas familiares en México avanzan hacia una mayor profesionalización y adopción tecnológica.

INCAE Business School. (26 de junio de 2026). Expertos analizan las habilidades que definirán el futuro del trabajo y el liderazgo en América Latina.

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