LA IDENTIDAD NO CUMPLE AÑOS, SE RECONOCE

Hay dos tipos de cumpleaños.
El que festejan los otros, con pastel y fotos. Y el que festejas tú, en silencio, a las seis de la mañana, cuando nadie te ve y te preguntas: ¿quién soy hoy?
Nos vendieron que la identidad es una credencial. Un nombre fijo, una firma, un domicilio. Pero no. La identidad es movediza. Es todo lo que has sido y no quisiste soltar.
Eres la niña de Toluca que corría entre Los Portales. Eres la adolescente que juró irse. Eres la mujer que se quedó. Eres la que la regó, la que pidió perdón, la que emprendió con donitas, la que escribe crónicas para que su ciudad no se olvide de sí misma. Todas viven en ti, al mismo tiempo.
Por eso el cumpleaños pesa. No por la edad. Pesa porque es un espejo anual. Un inventario sin maquillaje. Te obliga a preguntarte no cuántos años tienes, sino cuánta de ti sigue viva.
¿Sigo siendo la persona que quería ser?
¿Me estoy pareciendo a quien admiraba?
¿Me he traicionado por encajar?
Mucha gente no odia envejecer. Odia esa pregunta.

Cumplir años en México es un acto de resistencia. En un mundo que te pide cambiar de personalidad cada mes para el algoritmo, seguir siendo tú es revolucionario. Seguir hablando como en tu barrio, seguir creyendo en el alfeñique y en la palabra dada, seguir haciendo altares para los que ya no están, aunque te digan exagerada.

Tu identidad no está en lo que lograste. Está en lo que conservaste cuando todo se cayó. En tu forma de servir el café, en cómo saludas a la señora del mercado, en tu risa escandalosa que no has podido (ni querido) apagar.
El cumpleaños no es para sumar un número. Es para hacer una pausa y volver a tu centro. A tu Plaza de los Mártires interna. A tu Portal. Ese lugar de 152 arcos donde siempre puedes volver a entrar y decir: aquí estoy, todavía soy yo, aunque diferente.
Así que hoy, si cumples años, no pidas un deseo. Hazte una promesa. La promesa de no volver a abandonarte para que otros se queden. La promesa de cuidarte como cuidas a quienes amas.
Porque al final, nadie te va a regalar identidad. Se construye. Se defiende. Y cada cumpleaños, se vuelve a elegir.








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