LA FIESTA PATRONAL COMO IDENTIDAD
- Alma Bernal

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Alma R. Bernal
Las fiestas patronales en los pueblos originarios son elementos esenciales de
organización social, actúan como procesos integradores y como vehículo simbólico que
reconfigura la realidad a través de la acción ritual. Su dimensión simbólica tiene fuertes
efectos sociales, económicos, políticos y culturales, principalmente la conservación de
la memoria e identidad colectiva de los pueblos.
En contextos urbanos, pueblos impactados por el multiculturalismo y la dispersión
urbana, se ha pregonado una apocalíptica desterritorialización de las relaciones
sociales y la pérdida de la relación dialéctica entre la expresión ritual y cotidiana, de la
pérdida de la dimensión social y simbólica de las fiestas patronales.
Las fiestas patronales son una de las características más importantes de nuestra
cultura y no existe un lugar en nuestro país, donde no se realice alguna celebración
dedicada a algún santo o virgen de la tradición católica.
Son una muestra de las tradiciones nacionales, que expresan la cosmovisión los usos y
costumbres de los mexicanos de acuerdo a las creencias de cada lugar; están llenas
de elementos simbólicos que muestran la combinación de tradiciones tanto
occidentales como mesoamericanos.
Estas propician la convivencia social y ayudan a las personas a satisfacer algunas
necesidades espirituales, sociales o incluso de forma de diversión, por medios de
expresiones variadas, que van desde las misas, recorridos con las imágenes, bailes o
ferias.
En las fiestas participan y acuden todo tipo de personas, desde los niños más
pequeños hasta los de mayor edad. Además, el festejo no es exclusivo para los
originarios o residentes del lugar, pues está abierto para quienes deseen acudir.
Las celebraciones siempre corren a cargo de los mismos habitantes del pueblo. Con
meses de anticipación se preparan para que el día de festejo del santo todo salga lo
mejor posible y en muchas ocasiones se cuenta con el apoyo económico de quienes
emigraron a otras ciudades del país o del extranjero, los por lo general regresan en
esos momentos para reforzar sus lazos con la comunidad y afianzar su identidad.
Comer, beber, bailar y lucir prendas nuevas no son las actividades propias o
identificativas de las fiestas patronales. No hay que olvidar que estamos hablando de
unas fiestas con un fuerte componente religioso, donde se mezclan y fusionan actos
festivos y lúdicos con creencias y actos religiosos. Como señala Rodríguez Becerra, la
fiesta y la religión, dentro de nuestra tradición cultural tan estrechamente ligada a la
religión católica, son difícilmente separables. Es por tanto el binomio sagrado-profano
el que cobra más fuerza a la hora de analizar estas fiestas.
En torno a la fe, la creencia y la devoción de las personas hacia los santos patronos
parte toda esta concepción. Así, las fiestas no se podrían entender sin esta idea de la
gente sobre las imágenes a las que se encomienda el pueblo.







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