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Chismosos con Título

Hoy, 12 de mayo, en México se conmemora el Día del Comunicólogo. Una fecha que debería servir para celebrar, reconocer y agradecer a quienes hemos decidido dedicar nuestra vida profesional a una de las herramientas más poderosas y paradójicamente más subestimadas: la comunicación.


Y sí, lo digo con claridad, hoy también es un día para reflexionar con seriedad, porque algo preocupante e injusto está pasando con nuestra profesión.


Mientras el mundo se cae a pedazos por falta de diálogo; las empresas se incendian por crisis reputacionales; los gobiernos se hunden por mensajes mal gestionados y figuras públicas pierden carreras enteras por una frase mal dicha, la comunicación sigue siendo tratada como si fuera un “adorno o un hobby”.


Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), hasta 2025 se estima que más de 251 mil personas han estudiado Ciencias de la Comunicación en México, y que el 57% de quienes ejercen esta profesión son mujeres. Sin embargo, la cifra más reveladora no es cuántos somos sino cómo nos están pagando.


De acuerdo con la Secretaría de Economía, el sueldo promedio mensual de especialistas y consultores en Mercadotecnia, Publicidad, Comunicación y Comercio Exterior ronda los $8,950 pesos. Mientras que el IMCO reporta un salario promedio mensual de $21,263 pesos para periodistas y comunicadores con posgrado.


Y entonces… ¿Qué somos? ¿Un sector estratégico o un oficio mal entendido? ¿Una profesión o un “servicio extra”?


Lo más alarmante es que esta desvalorización no es solo salarial. También es estructural. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el último trimestre de 2024 había en el Estado de México 19,700 profesionales trabajando como especialistas y consultores en comunicación, mercadotecnia y publicidad. Para el primer trimestre de 2025, la cifra cayó a 6,080. En otras palabras: más del 70% desapareció del mercado laboral en solo unos meses.


Éstas, no son solo cifras, son una alerta.


Porque mientras los comunicadores desaparecen de las nóminas, lo que se instala en su lugar es la peligrosa idea de que “comunicar es fácil, automático, reemplazable y que cualquiera puede hacerlo”.



Y entonces aparecen las frases. Las que lastiman. Las que reducen una carrera completa y compleja a un estereotipo barato:

  •  “Comunicación no monetiza, solo sirve para gastar dinero.”

  •  “Aquí solo postean.”

  •  “Solo hacen videos.”

  •  “Los de comunicación nunca me dan información.”

  •  “Aquí solo hablan bonito.”

  •  “Ay, es facilísimo… cámbiale el color al diseño.”


Y cuando no se burlan del área, se burlan de la profesión:

  •  “Los que estudian comunicación son chismosos con título.”

  •  “Si no tienes vocación, estudia comunicación.”

  •  “Comunicación, es para los que no son buenos en matemáticas.”

  •  “Cualquiera puede estudiar comunicación.”

  •  “Las cámaras, por sí solas, sacan bonitas fotos.”

  •  “¿Por qué cobras tan caro si solo tomas fotos?”

  •  “Los de eventos solo se la pasan bien.”

  •  “Los comunicólogos, viven de seguidores.”


Oraciones repetidas con ligereza, pero que tienen un impacto real: degradan, desmotivan y expulsan talento. Y como si eso no bastara, los memes han hecho lo suyo. Caricaturizan al comunicador como un profesional informal, sin rumbo, sin dinero, como un ”homeless” o como un eterno estudiante que vive de creatividad y café.


Yo me gradué en 2011 con ilusión y vocación. Con la firme idea de que podía aportar algo al mundo desde esta carrera. Desde entonces, he visto cómo esa percepción negativa no solo existe sino que crece. Y lo confieso, me duele.


Me duele saber que muchos colegas dejaron de ejercer no por falta de capacidad, sino por falta de oportunidades, por salarios miserables o porque el mercado simplemente decidió que ya no nos necesita.


Pero aquí está la verdad incómoda. No es que el mundo no necesite comunicadores, es que el mundo todavía no entiende qué hace realmente un comunicador.


Muchos creen que estudiar comunicación es solo para trabajar en radio, televisión, periódicos o redes sociales. Y sí, claro que lo es… pero no solamente eso.



Los comunicadores también somos indispensables en empresas privadas, instituciones públicas, fundaciones, organizaciones sociales, campañas políticas, emprendimientos, con artistas y figuras públicas, en los corporativos que necesitan reputación y directivos que necesitan liderazgo.


Porque donde haya una marca, un discurso, una crisis, una audiencia o una relación humana ahí hay comunicación.


Muchos líderes confían en que mercadotecnia o publicidad resolverán sus problemas comunicacionales. Y OJO, no tengo nada contra esas disciplinas, al contrario, son aliadas valiosas. De hecho, cuando trabajamos en conjunto, hacemos grandes cosas.


Pero una cosa es vender un producto y otra muy distinta, es construir confianza, credibilidad, reputación, vínculo y sentido. Eso lo hace la comunicación.


La comunicación no es solo creatividad. No es solo diseño. No es solo una cámara o un micrófono. Comunicación implica una formación profesional completa: teorías, análisis del discurso, narrativa, percepción social, psicología, investigación, estrategias, manejo de crisis, redacción, producción, oratoria, imagen pública, medios, reputación y relaciones públicas.


Y aquí va un ejemplo simple. Aunque tengamos piernas y podamos correr, eso no significa que seamos atletas olímpicos. Para eso se requiere técnica, disciplina, preparación y entrenamiento.


En comunicación ocurre lo mismo.


Que alguien tenga boca no significa que sepa comunicar, que tenga claridad. Que alguien publique en redes no significa que sepa construir reputación. Que alguien “tenga carisma” no significa que pueda sostener un mensaje con estrategia.


No todos saben hablar en público con coherencia y persuación. No todos saben gestionar una crisis. No todos saben escribir un discurso con intención. No todos saben proyectar liderazgo sin arrogancia. No todos saben conectar con una audiencia sin caer en lo superficial. Por eso existimos nosotros: los comunicólogos.


Porque la comunicación es la base de todo: de los negocios, de las relaciones, de las ventas, de la política, de la reputación y del poder. Y esta columna especial hoy va dirigida a dos públicos.


Primero, para ti empresario, funcionario o emprendedor. Si eres de los que creen que comunicación es un gasto, este mensaje es para ti.


Tu abogado, te protege legalmente.


Tu contador, cuida tus números.


Tu administrador, ordena tu operación.


Tu mercadólogo, vende.


Pero si tú quieres que construir reputación para ti o tu empresa, si quieres que tu gobierno tenga credibilidad o que tu marca personal inspire confianza, necesitas a alguien que sepa manejar lo que no se compra: la percepción, y esta tarea, no se la puedes encargar a cualquiera.


¡Necesitas un comunicólogo!

Y eso vale, cuesta, y sí, si se paga.


Por otra parte, estas líneas también son para ti: colega, amiga, amigo, compañero de profesión.


No importa si te especializaste en periodismo, locución, producción audiovisual, relaciones públicas, comunicación organizacional, marketing digital, eventos, investigación, estrategia, fotografía, imagen pública o consultoría. Si tu tronco común fue Comunicación, hoy te abrazo desde la palabra y desde la empatía.

Te felicito.


Y te invito a algo aún más importante: dignificar nuestra profesión.


A no aceptar salarios insultantes. A no normalizar el “te pago con experiencia”. A no regalar trabajo para alcanzar proyección. A no minimizar lo que sabes y a no permitir que te traten como accesorio. Porque NO somos “chismosos con título”.


Somos estrategas; constructores de reputación; armadores de eventos y espectáculos; traductores de realidades y gestores de crisis. Somos la voz de instituciones, marcas, líderes y comunidades. Somos profesionales.


Y ya es momento de decirlo fuerte: Comunicación es una carrera tan importante y valiosa como cualquier otra. Y merece ser reconocida no solo con felicitaciones sino con oportunidades reales, respeto profesional y salarios dignos.


Hoy, 12 de mayo no solo celebremos, recordemos algo esencial: el mundo no necesita menos comunicadores. Necesita más comunicadores bien valorados. Que nadie nos vuelva a llamar “los que solo hablan bonito”, porque hablar bonito es fácil pero comunicar con propósito es un arte, una ciencia y una responsabilidad.


¡Feliz Día del Comunicólogo!

1 comentario

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Guillermo
hace 2 horas
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Sin lugar a dudas una muy buena profesión con grandes ejemplos de hasta donde pueden llegar los comunicologos para muestra un botón Alejandro González Iñárritu tienen un alto espectro laboral Pero la mayoría lo desconoce ! Felicidades en su día !!!

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