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Vie de Cirque, Tercera llamada, tercera…

Vie de Cirque
Vie de Cirque

Las luces se apagaron y el sueño comenzó.

Durante unos segundos, la oscuridad cubrió la carpa como si alguien hubiera cerrado cuidadosamente las puertas del mundo exterior, después, el escenario despertó entre destellos, música y colores; aparecieron artistas llegados de distintos lugares México, Argentina, España, Portugal, Rusia y China, vestidos con trajes brillantes que parecían guardar pequeñas constelaciones entre las telas, todos los mirábamos con esa ilusión que pocas veces conservamos los adultos, sabiendo que algo extraordinario estaba a punto de comenzar, pronto descubrimos que faltaba algo, quizá lo más importante para que un circo pueda llamarse circo, faltaba un payaso.


En algún lugar entre el público, apareció una figura con aspecto de vagabundo, comenzó a abrirse paso entre las butacas, caminando como quien se ha equivocado de destino o como quien todavía no sabe que está a punto de encontrarlo, avanzaba distraído, ajeno a las miradas, cargando sobre los hombros la melancolía de los personajes que parecen haber llegado tarde a todas partes, su imagen me recordó de inmediato aquella inolvidable Balada para un loco, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer:


"Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a venus, medio melón en la cabeza y las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre levantada en cada mano”.


Cuando se colocó el bombín rojo, ocurrió la transformación, el vagabundo desapareció y, frente a nosotros, nació el payaso, no como una caricatura destinada solamente a provocar risas, sino como ese personaje profundamente humano y tierno que puede hacernos sonreír mientras esconde una historia detrás del maquillaje así comenzó una magnífica tragicomedia hecha de voces, música, actuación, magia, nostalgia y ternura; un espectáculo donde el malabarismo convivió con el ilusionismo, las acrobacias desafiaron la gravedad, los hermosos cuerpos flotaron, encontraron equilibrio en las alturas y cada acto parecía recordarnos que lo imposible solo necesita un escenario y una mirada para comenzar a parecer verdadero.


Un viaje por los sentidos, un regalo para la emoción, momentos para reír, sorprenderse, contener el aliento mientras rompían la gravedad y para recordar que alguna vez miramos el mundo sin necesidad de explicarlo, bajo aquella carpa, el tiempo se volvió diferente las luces parecían auroras cercanas, la música envolvía cada movimiento y los artistas hacían visible aquello que normalmente solo existe en la imaginación, por momentos no supe en dónde terminaba la actuación y comenzaba la fantasía, porque el circo posee ese antiguo privilegio de transformar lo cotidiano en asombro, pero no cualquier circo lo logra.


Y así, casi como había comenzado con el último rayo de sol calentando el escenario todo terminó, la luz se disolvió lentamente en un rincón, despertando del sueño y mientras el escenario regresaba a la penumbra el payaso regresaba a ser sólo un hombre.



Todavía no sé cuánto de aquella noche ocurrió realmente y cuánto me inventé, pero quizá esa sea la verdadera magia, lo único que sé es que repetiría este viaje todas las noches en las que esa carpa vuelva a abrir sus lonas y el aire se llene con el aroma de las palomitas recién hechas, la mantequilla, el algodón de azúcar y las manzanas de caramelo.


Hay algo profundamente romántico y poético en disfrutar una noche de circo, para mí, es uno de los mejores espectáculos que he visto montados en Metepec y mi recomendación es sencilla: vayan a verlo… vayan en familia, porque en familia se disfruta más; déjense llevar como cuando todo podía sorprendernos y disfrútenlo como si aquello que ocurre frente a sus ojos no fuera completamente real.


Que no muera el teatro, que no muera el circo, que nunca perdamos esos espacios en los que el realismo mágico todavía puede salvarnos, asistir a una función así es parecido a entrar en una película, con una diferencia maravillosa, aquí eres parte de ella, más que el 3D o la sala 4DX, por que el efecto especial más importante sucede dentro de nosotros mismos.


Gracias a mi querida amiga escritora y poeta Celia Monroy por la invitación y por permitirme vivir esta noche inolvidable, antes de hoy a María le asustaban los payasos hoy son ya sus amigos y qué gusto también encontrar y saludar a tantos amigos bajo una misma carpa, reunidos alrededor de ese antiguo y luminoso milagro que llamamos circo.


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