top of page

SORORIDAD EN ACCIÓN

Sororidad en acción; cuando una mujer cae, caemos todas
Sororidad en acción; cuando una mujer cae, caemos todas

Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. Es una fecha que cada año nos invita a reflexionar sobre los avances que hemos logrado, pero también sobre las brechas que siguen abiertas.


Durante décadas, las mujeres hemos levantado la voz para exigir lo que es justo: acceso a espacios de decisión, reconocimiento a nuestro trabajo, igualdad de oportunidades y la posibilidad de ser evaluadas por nuestro mérito y nuestra capacidad. No es un reclamo menor. Es una causa histórica.


Sin embargo, hay una conversación incómoda que también debemos atrevernos a tener. En muchos casos, la primera crítica, la primera descalificación o incluso el primer intento de deslegitimar a una mujer en una posición de liderazgo proviene de otra mujer. No siempre ocurre, pero cuando sucede, el impacto es profundo.


Porque cuando una mujer logra abrirse paso hacia un espacio de representación —sea en la política, la empresa, la academia o cualquier otro ámbito— ese lugar no se construyó de la noche a la mañana. Llegar ahí implicó años de preparación, de trabajo constante, de demostrar una y otra vez que sí es posible. Y aun así, en lugar de defender ese avance colectivo, a veces caemos en la tentación de medirnos entre nosotras, de competir de forma destructiva o de pensar que la caída de otra mujer abre espacio para una misma.

Pero no es así.


Cuando permitimos que una mujer sea derribada sin cuestionar las razones, cuando celebramos su tropiezo o guardamos silencio frente a ataques injustos, el mensaje que enviamos es devastador: que aún no estamos listas para sostenernos entre nosotras.

La sororidad no puede quedarse en el discurso. No basta con mencionarla en foros, en paneles o en redes sociales. La sororidad se demuestra en las decisiones cotidianas: en la forma en que hablamos de otras mujeres, en cómo reaccionamos ante sus errores, en si elegimos construir o destruir.


Sororidad no significa estar siempre de acuerdo. Las mujeres también pensamos distinto, tenemos visiones diversas y defendemos proyectos diferentes. Eso es natural y saludable en cualquier sociedad democrática.


Pero hay algo que no deberíamos perder de vista: cuando una mujer ocupa un espacio que históricamente estuvo cerrado para nosotras, su presencia ahí ya es, en sí misma, una puerta abierta. Defender esa puerta abierta no es defender a una persona. Es defender la posibilidad de que muchas más puedan cruzarla.


Porque cuando una mujer pierde ese lugar después de haberlo conquistado con trabajo, no es solo su historia la que retrocede. Retrocede el mensaje colectivo de que las mujeres podemos llegar, permanecer y transformar.


Al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, vale la pena preguntarnos algo con honestidad: ¿estamos practicando la sororidad que decimos defender?

Si queremos más mujeres en espacios de decisión, más mujeres dirigiendo, más mujeres siendo reconocidas por su talento, entonces también tenemos que aprender a sostener esos espacios juntas.


Porque cuando una mujer cae, no cae sola.


Entre líneas, lo sabemos bien: cuando una mujer pierde el lugar que abrió, lo perdemos todas.


1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Invitado
hace 19 horas
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Un artículo muy real sobre la sororidad y la importancia de impulsar el liderazgo de la mujer

Me gusta
MAQUETA ESPACIOS PUBLICITARIOS PORTAL SINERGIA TV CMIC-02.png
bottom of page