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En casa de herrero… la noticia no tuvo vocero

En casa de herrero… la noticia no tuvo vocero.
En casa de herrero… la noticia no tuvo vocero.

Esta entrega de Rapport tiene, para su servidora, un sabor agridulce. Mientras la escribo, recuerdo con nostalgia mi paso por un centro de trabajo donde aprendí, crecí y confirmé que había elegido la profesión correcta. Pero, al mismo tiempo, siento tristeza, indignación y preocupación al conocer la realidad que hoy enfrentan muchos colegas que siguen formando parte de esa institución.


Quienes estudiamos Ciencias de la Comunicación en la capital mexiquense, en algún momento pasamos por el entonces Sistema de Radio y Televisión Mexiquense —hoy Sistema Mexiquense de Medios Públicos— para realizar el servicio social, las prácticas profesionales o, incluso, para iniciar la vida laboral.



Para muchos, Mexiquense fue una segunda universidad. Ahí comprobamos que la comunicación especializada en medios, no se aprende únicamente en las aulas; se perfecciona en las cabinas, en los estudios de televisión, en las coberturas periodísticas, en las salas de edición y en el trabajo coordinado que exige un medio público. Fue el espacio donde descubrimos que detrás de cada programa hay productores, reporteros, camarógrafos, editores, continuistas, locutores, maquillistas, ingenieros y personal administrativo que hacen posible salir al aire todos los días.


Tengo mucho que agradecerle a esa institución. Durante mi estancia encontré personas que compartieron conocimientos, abrieron puertas y contribuyeron a mi desarrollo profesional. Precisamente por ese agradecimiento, duele aún más conocer las condiciones que hoy se denuncian públicamente.


Hace unos días, el medio digital Todo en Contra publicó la investigación titulada "Medio público, trabajo precario: la realidad laboral en Televisión Mexiquense", en la que expone una serie de datos que resultan tan preocupantes como reveladores.


En su investigación revelan datos como:

  • El 77 % del personal labora sin prestaciones.

  • 46 trabajadores fueron separados de sus funciones durante los primeros tres meses de la actual administración.

  • Quienes trabajan por honorarios firman contratos mensuales, en muchos casos de manera extemporánea.

  • Se documentan diferencias salariales significativas entre personas que desempeñan funciones similares, particularmente en puestos como conductores especializados, reporteros, editores y guionistas.

  • La Dirección de Noticias concentra el mayor número de bajas de personal.



Hace apenas unos meses, con motivo del Día del Comunicólogo, desde este espacio hablábamos de la urgente necesidad de dignificar nuestra profesión. Hoy vale la pena recuperar un dato que ayuda a dimensionar el contexto.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el último trimestre de 2024 había en el Estado de México 19,700 profesionales trabajando como especialistas y consultores en comunicación, mercadotecnia y publicidad. Para el primer trimestre de 2025, la cifra cayó a 6,080. En otras palabras: más del 70% desapareció del mercado laboral en solo unos meses.”


Con un mercado laboral tan limitado para los comunicólogos, resulta todavía más preocupante que un medio público —cuya esencia debería ser fortalecer el ejercicio profesional de la comunicación— aparezca señalado por presuntas condiciones laborales precarias.


Confieso que leer esos datos me produjo tristeza, impotencia y coraje. Me cuesta entender que un espacio integrado, en su mayoría, por profesionales de la comunicación y afines, sea señalado precisamente por prácticas que contradicen los principios que diariamente comunica.


Resulta incongruente que una institución que conoce el valor de la especialización reproduzca esquemas de desigualdad salarial, precarización laboral y reducción de personal en un sector donde encontrar empleo ya representa un enorme desafío.


Lo más preocupante es que muchas de esas señales, esas “red flags”, parecían existir desde hace años.


Cuando realicé mis prácticas profesionales recuerdo ver a locutores, reporteros, editores y guionistas llevar su propia computadora y sus propios audífonos porque no existían los equipos de cómputo necesarios para darle al trabajador sus “herramientas de trabajo”. También conocí compañeros contratados por honorarios que debían renovar sus contratos cada tres meses y esperar durante años la posibilidad de obtener un contrato de base o una plaza sindicalizada.


Recuerdo, además, que en varias áreas eran los propios trabajadores quienes instalaban programas de edición sin licencia ante la falta de presupuesto para adquirir software original. Las sillas de oficina, muchas de ellas rotas o inservibles, parecían un detalle menor; hoy entiendo que eran síntomas de un problema mucho más profundo.


En aquel momento parecían carencias aisladas. Hoy, vistas en perspectiva, eran señales de alerta.


Porque una crisis laboral no aparece de un día para otro. Se construye lentamente con decisiones administrativas equivocadas, con la falta de inversión, con el abandono del talento, con la normalización de las desigualdades y, sobre todo, con la pérdida de sensibilidad hacia quienes hacen posible que un medio salga al aire todos los días.


En la columna, “Sin Titubeos”, de mi querida Diana Mancilla, se habla de que la nueva administración del Sistema Mexiquense de Medios Públicos emprendió una reestructura administrativa que busca terminar con prácticas discrecionales; de establecer un tabulador salarial; y que con base en el nuevo organigrama se definirán las responsabilidades de cada puesto.


Esto último, no es malo. Pero quizá existe un elemento todavía más preocupante.


Hasta el cierre de esta columna, no existe un comunicado oficial, un derecho de réplica ni un vocero que haya salido a aclarar, contextualizar o desmentir la información publicada por Todo en Contra. El silencio institucional también comunica, dirían, el que calla otorga.


Llama también mi atención que las voces internas – empleados- tampoco se hayan pronunciado públicamente. Es comprensible pensar que el temor, la incertidumbre o la necesidad de conservar el empleo puedan explicar esa ausencia de reacciones.


Sin embargo, cuando una organización dedicada a informar guarda silencio frente a cuestionamientos de esta magnitud, inevitablemente deja espacio para que la percepción pública se construya sin su participación.


En Relaciones Públicas, la reputación comienza desde adentro. Ninguna campaña de comunicación, ningún discurso institucional y ninguna estrategia de posicionamiento pueden compensar un entorno laboral donde el talento no se siente valorado, respetado o justamente remunerado.



Dignificar la comunicación también significa dignificar a quienes la ejercen. Un medio público no solo tiene la responsabilidad de informar a la sociedad; tiene también el deber ético de convertirse en ejemplo de contratación transparente, trato profesional y reconocimiento al talento.


Porque cuando una institución deja de cuidar a su gente, tarde o temprano también termina perdiendo la confianza de su audiencia. Y en comunicación, como en la vida, la reputación siempre se construye desde adentro.


 Rapport: RP inteligente para un mundo urgente.

YV I Yunuen Vázquez 

Comunicación I Relaciones Públicas I Conducción I Consultoría

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