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¿Y si sí? ¿Y si no?

¿Y si sí? ¿Y si no?
¿Y si sí? ¿Y si no?

El Mundial de Futbol 2026 nos ha dejado grandes lecciones de comunicación y relaciones públicas. Más allá del espectáculo deportivo o de las millonarias campañas publicitarias, el torneo ha demostrado cómo un evento de esta magnitud puede convertirse en un detonador de conversación, identidad colectiva y construcción de comunidad. Todo ello impulsado por un elemento que hoy domina el ecosistema digital, las tendencias en redes sociales.


Una tendencia es un tema, formato, reto o conversación que experimenta un crecimiento acelerado de popularidad durante un corto periodo. Pero alcanzar ese nivel de impacto no depende únicamente del algoritmo, también requiere creatividad, oportunidad, conocimiento de la audiencia y, me atrevería a decir, “buen gusto” para conectar con las emociones del público.


Cuando miles o millones de personas interactúan, comparten y replican un mismo contenido, las plataformas digitales interpretan que existe un alto interés y amplifican su alcance. Así nacen las conversaciones virales que terminan marcando la agenda pública.


Durante este Mundial, México ha sido un extraordinario laboratorio de estas dinámicas. Las redes sociales se llenaron de tendencias que lograron despertar orgullo, humor, identidad y participación ciudadana. Muchas de ellas fueron acertadas, contagiosas y, sobre todo, profundamente oportunas.


Entre las más memorables destacan dos fenómenos: "¿Y si sí?" y "No inglés".

La primera fue, probablemente, la campaña espontánea más optimista que hemos visto en mucho tiempo. Una frase sencilla, en tres palabras, que resumía años de ilusiones frustradas alrededor de la Selección Mexicana.


Después de décadas de eliminaciones dolorosas y expectativas incumplidas, el desempeño mostrado por la Selección Mexicana comenzó a despertar una ilusión distinta. Entonces aparecieron preguntas que hace unos meses parecían impensables: ¿Y si sí llegamos a la final? ¿Y si sí ganamos? ¿Y si sí hacemos historia?


La conversación dejó de ser únicamente futbolística para convertirse en un ejercicio colectivo de esperanza.


Las marcas entendieron rápidamente que aquella frase ya pertenecía al lenguaje cotidiano de millones de personas. Aprovecharon el momento para adaptar sus campañas y, durante algunos días, dejaron de vender únicamente productos o servicios para vender una emoción compartida.


Starbucks, Huevos San Juan, AT&T, Librerías Gandhi y Larousse, entre muchas otras, incorporaron la frase en sus publicaciones e incluso en productos físicos. Ver "¿Y si sí?" impreso en un vaso de café o en un huevo convirtió una conversación digital en una experiencia tangible para el consumidor.



El segundo fenómeno fue "No inglés", surgido previo al encuentro entre México e Inglaterra.

Todo comenzó de forma orgánica cuando la creadora de contenido Aisha Jones publicó un video en TikTok proponiendo, en tono humorístico, no ponerle salsa inglesa a la botana como muestra de apoyo a la Selección. Lo que parecía un simple chiste evolucionó rápidamente hacia una tendencia nacional.


De pronto, miles de usuarios comenzaron a evitar palabras en inglés, modificar expresiones cotidianas y "mexicanizar" nombres de productos y marcas.


Empresas como Burger King, KitKat, Hooters, Scrub Daddy u Office Depot reaccionaron con enorme rapidez. Cambiaron temporalmente nombres, slogans, menús y piezas publicitarias, acompañándolo con comunicados donde aclaraban, entre bromas, que "no era personal, era futbol".



El resultado fue extraordinario.

Mientras el Mundial concentraba prácticamente toda la atención mediática, estas marcas lograron mantenerse presentes en la conversación pública sin competir contra el evento, sino integrándose a él.


Juan Carlos Luján, vicepresidente regional para América Latina de Emplifi, declaró para Expansión que: "Más allá del resultado deportivo, el comportamiento observado durante México vs. Ecuador confirma cómo los grandes eventos se han convertido en espacios donde se construyen comunidades, se aceleran tendencias y se redefine la conversación pública a una velocidad sin precedentes."


Los datos respaldan esa afirmación. Emplifi registró que únicamente durante el partido entre México y Ecuador se generaron más de 19 mil menciones, alrededor de 6.3 millones de interacciones y cerca de siete mil millones de impresiones. Solo la tendencia "¿Y si sí?" concentró aproximadamente 6,500 menciones y 1.68 millones de interacciones.


Sin embargo, aquí es donde comienza la verdadera reflexión.


Quiero dirigirme especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas, así como a quienes administran redes sociales de emprendimientos: las tendencias no son para todas las marcas, y tampoco son para cualquier momento.


Durante estas semanas observé decenas de negocios intentando sumarse a los fenómenos virales. Buscar visibilidad nunca será un error; el problema aparece cuando esa búsqueda sustituye a la estrategia.


Toda marca tiene derecho a participar en un trend, pero eso no significa que deba hacerlo.

En relaciones públicas existe un principio que pocas veces se menciona: la coherencia vale mucho más que el alcance.


Subirse a una tendencia incompatible con la personalidad de la empresa puede generar algo mucho más costoso que unos cuantos comentarios negativos: puede afectar su reputación.

Muchas tendencias nacen desde la ironía, el doble sentido, la confrontación o incluso la burla hacia terceros. Si ese lenguaje contradice el manual de identidad, los valores institucionales o el posicionamiento de la marca, el costo puede ser perder credibilidad y confianza.


Por eso hablaba del buen gusto. No me refiero a un criterio estético, sino a la capacidad de entender cuál es el humor propio de la marca, qué tipo de conversación puede sostener y hasta dónde puede llegar sin traicionar su personalidad.


El humor forzado no conecta. La ocurrencia improvisada tampoco.


Y existe otro riesgo del que pocas empresas son conscientes: cuando una organización decide participar en una tendencia, también acepta permanecer dentro de esa conversación.

Si el trend está construido sobre el sarcasmo, el doble sentido o la interacción constante, la comunidad esperará respuestas bajo ese mismo tono. Si la marca no sabe responder, pierde consistencia; si responde mal, pierde reputación.


Las tendencias son pasajeras.


La reputación, en cambio, permanece.


Por eso quiero cerrar con una pregunta para emprendedores, directivos y gestores de redes sociales:

-          ¿Y si no nos subimos a todas las tendencias?

 

-          ¿Y si comenzamos a elegir únicamente aquellas que fortalecen nuestra identidad?

 

-          ¿Y si priorizamos la estrategia por encima de la viralidad?


Porque al final, las campañas de "¿Y si sí?" y "No inglés" nos dejaron una lección que vale mucho más que cualquier número de reproducciones: una tendencia debe estar al servicio de la marca, nunca la marca al servicio de la tendencia.


Esa diferencia es la que separa una publicación viral de una verdadera estrategia de relaciones públicas.

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