El quehaSER del director
- Jaime Suárez

- 24 jul
- 3 min de lectura
LIDERAZGO PARA EL BIEN COMÚN

Esta es la primera, espero de muchas columnas, donde abordaremos temas de la alta dirección y su impacto positivo desde el buen hacer y el mejor SER. Sabemos que detrás de un director, como de cualquier profesión, hay un ser humano que piensa, siente, dice y hace. En esa armonía de acciones busca ordenar el caos de la realidad para crear valor, primero hacia sí mismo y después hacia los demás.
Sin embargo, a veces no existe cohesión, congruencia ni consistencia entre estos aspectos. Es ahí donde sufrimos, porque pensamos una cosa, decimos otra y terminamos haciendo algo distinto. Recordemos lo que decía Aristóteles: "Somos lo que hacemos repetidamente". Es decir, somos nuestros hábitos, y si estos no nos ayudan a crecer como personas, entonces estamos destruyendo valor.

En esta columna sostendremos que el ser humano es un fin y no un medio. La filosofía lo define por tres características: dignidad como persona, libertad de acción y un destino trascendente. Si esto es así, tenemos una clara hoja de ruta para nuestra vida.
Las tentaciones de la recompensa inmediata, traducidas en hábitos impulsados por la dopamina, hacen difícil cambiar. Sin embargo, también tenemos la posibilidad de hacer el bien mediante nuestro trabajo y nuestras relaciones. La filosofía sostiene que la mejor manera de trascender es ayudar a los demás.

Si esto es cierto, el director tiene una enorme responsabilidad, porque no solo administra recursos: dirige personas. Su impacto no consiste únicamente en lograr resultados extraordinarios, sino en hacer que quienes trabajan con él sean mejores seres humanos, mejores miembros de la sociedad, mejores padres, hijos, hermanos y amigos.

"¿Cómo te gustaría que te sorprendiese la muerte? En lo que a mí respecta, yo quisiera que me sorprendiese ocupado en algo grande y generoso, en algo digno de un hombre y útil a los demás; no me importaría tampoco que me sorprendiera ocupado en corregirme y atento a mis deberes..." — Epicteto

¿Por qué nos centraremos en el SER? Porque en la medida en que hagamos mejor nuestro quehacer, de forma virtuosa, aspiraremos a ser más grandes como personas. Aquí cabe preguntarnos: ¿queremos buenos líderes o líderes buenos?, ¿buenos ingenieros o ingenieros buenos?, ¿buenos empresarios o empresarios buenos?, ¿buenos gobernantes o gobernantes buenos?
No es una pregunta ociosa. La respuesta es que necesitamos ambas cosas: profesionales competentes y, al mismo tiempo, buenos seres humanos. Eso garantizaría una sociedad donde todos contribuyamos al bien común. Recordemos que el contenido se adapta al recipiente: si el ser humano es "chueco", aunque le agreguemos conocimientos, relaciones o recursos, buscará utilizarlos para hacer el mal y destruir valor humano, familiar, social y profesional. Siempre buscará atajos para ser el "listo" de la clase, del trabajo, del mercado o del gobierno. Al hacerlo, en lugar de engrandecer su SER, lo empequeñece.

Por ello, el hilo conductor de esta columna será el tomador de decisiones y el impacto que genera en las personas que dirige y en quienes hacen posible los resultados de la empresa. Buscaremos comprender cómo crear valor económico con propósito para que ese impacto permanezca en el tiempo.
Abordaremos temas que preocupan a los directores: finanzas, política de empresa, factor humano, operaciones, marketing, liderazgo y la transformación de la empresa familiar en una empresa institucional. Lo haremos mediante casos prácticos estudiados en instituciones como IPADE, Harvard e IESE.
La intención es aprender del quehaSER del director a partir de la experiencia de otros y de ustedes mismos.
Por eso, esta columna pretende ser interactiva. Los invito a proponer temas, compartir experiencias y presentar casos que contribuyan a hacer el bien y a ser más grandes como personas.
Así, cuando nos pregunten qué queremos, responderemos con claridad: queremos buenos directores y directores buenos; personas competentes que hagan el bien. En un mundo tan polarizado necesitamos unir más que dividir. En otra ocasión hablaremos sobre qué es el bien y por qué constituye la mejor medicina para sanar nuestra alma y la de los demás.
Esta columna buscará trascender en el corazón de quienes decidan embarcarse en esta forma de pensar, sentir, decir y hacer, preparándose para transformar nuestra realidad y dejar un mejor mundo a nuestros hijos.
¡Manos a la obra!
Jaime Suárez







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