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Día del Servidor Público

hace 4 horas
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Día del Servidor Público
Día del Servidor Público

El pasado 27 de octubre se celebró el Día del Servidor Público Sindicalizado en el Estado de México, dedico esta entrega a quienes me compartieron sus historias, sueños, anhelos, frustraciones y enojos; a quienes me permitieron descubrir que detrás de cada credencial o gafete hay una persona, una familia, una necesidad y una historia que merece ser escuchada.


Y no me refiero a quienes ocupan cargos de alto nivel, quienes tienen un nombre reconocido en la política o aparecen constantemente en las fotografías. Me refiero a los servidores públicos quienes realizan el trabajo operativo y administrativo; a quienes atienden, gestionan, resuelven, organizan, archivan, mantienen, trasladan, limpian, construyen y dan seguimiento a las tareas que permiten que los servicios públicos lleguen a la ciudadanía. 


A quienes, en muchas ocasiones, pasan inadvertidos, pero cuya ausencia se haría evidente si dejaran de cumplir con sus responsabilidades. Personas que, a pesar de algunas circunstancias laborales, siguen cumpliendo con su responsabilidad; que encuentran satisfacción en ayudar a otros y que se sienten orgullosas de contribuir al funcionamiento de su institución.


A ellos les dedico esta entrega.


Mi paso por el SUTEYM fue una experiencia agridulce. Conocí el compromiso, el sacrificio y la vocación de muchos trabajadores. Por otro lado, también me acercó a realidades dolorosas, a injusticias y despidos laborales, inconformidades, desilusiones y situaciones en las que el reconocimiento al trabajo no siempre corresponde con el compromiso demostrado.



OJO, no todo es admirable, ni todo es condenable. Como en cualquier organización, existen buenas y malas prácticas; personas comprometidas y otras que no lo están;  liderazgos que dignifican y decisiones que lastiman. 


En el caso del servicio público, la ciudadanía construye su opinión a partir de lo que vive cuando acude a una oficina, solicita un trámite, presenta una queja o necesita resolver un problema. Una mala atención puede convertirse en la referencia con la que alguien juzgue a toda una institución. De la misma manera, una experiencia positiva puede generar confianza y reconocimiento.


Por eso, la imagen de los servidores públicos importa. No es un asunto superficial ni un ejercicio para mejorar fotografías institucionales. Tiene consecuencias en la confianza ciudadana, en la disposición para colaborar con las instituciones y en la forma en que estos trabajadores son recibidos y valorados por otros sectores.


En materia de Relaciones Públicas, la imagen colectiva tiene un peso determinante. Es el conjunto de percepciones, asociaciones y juicios que los públicos construyen sobre un grupo a partir de sus experiencias, los mensajes que reciben y las historias que escuchan. El problema aparece cuando las conductas de unos cuantos se convierten en la etiqueta con la que se juzga a todos.


Durante años, el estereotipo del servidor público ha estado asociado con la burocracia, la apatía, la “mala cara”, la improductividad y la resistencia al cambio. Y si además, se trata de personal sindicalizado, suelen sumarse calificativos como flojo, conflictivo o poco comprometido.



Esa percepción puede debilitar la confianza ciudadana, deteriorar el orgullo de pertenencia y hasta cerrar oportunidades profesionales.  Lo viví personalmente cuando, al salir del servicio público y buscar empleo en el sector privado, recibí negativas por mi procedencia laboral, sin siquiera tener la oportunidad de demostrar mis conocimientos, capacidades y talentos.


Aquella experiencia me confirmó que la reputación colectiva puede abrir puertas, pero también cerrarlas antes de que una persona tenga la oportunidad de demostrar quién es y cuánto vale.


¿Cómo cambiar esa percepción? 


No basta con campañas institucionales ni con discursos que exalten las virtudes del servicio público. La reputación se construye con hechos, experiencias consistentes y resultados. Requiere atención ciudadana de calidad, procesos eficientes, transparencia, profesionalización y una comunicación institucional congruente con lo que las personas viven todos los días.


Pero también exige reconocer las condiciones en las que trabajan quienes integran las instituciones.


Hablemos de los desafíos que muchos servidores públicos enfrentan. 


Traslados que consumen horas de vida; falta de equipo, herramientas o materiales para cumplir adecuadamente con sus funciones; ambientes laborales tóxicos u hostiles; jefaturas celosas, abusivas o acosadoras; ideas de mejora que terminan atribuidas a otras personas; presiones y persecuciones políticas, y salarios que no siempre resultan competitivos, aún cuando existan prestaciones laborales que representen una ventaja.



Son realidades que no viven todos los trabajadores, pero que tampoco pueden ignorarse.

A ello se suma una contradicción que también duele y genera impotencia,  se exige eficiencia, innovación y resultados, pero no siempre se ofrecen las condiciones, el acompañamiento ni la capacitación necesarios para alcanzarlos.


En materia de Relaciones Públicas y  Gestión del Talento, el reconocimiento al personal no es un gesto de cortesía ni una ceremonia para cumplir con el calendario. Es una herramienta estratégica para fortalecer el clima organizacional, el compromiso, la motivación y el orgullo de pertenencia. 


Del mismo modo, la capacitación continua no debe considerarse un gasto prescindible, sino una inversión en capital humano, calidad del servicio y capacidad institucional.


Ninguna organización puede aspirar a proyectar una imagen sólida hacia el exterior si descuida las relaciones y las condiciones de quienes la sostienen desde dentro. Porque una institución no solamente se construye desde los cargos de decisión; también se sostiene gracias a quienes, lejos de los reflectores, hacen que las cosas sucedan.


Por ello, este reconocimiento debe trascender una fecha y convertirse en una práctica cotidiana, escuchar al personal, respetar sus derechos, prevenir el acoso laboral, reconocer las aportaciones, abrir oportunidades de desarrollo y evaluar el desempeño con criterios justos. 


No se trata de justificar la falta de compromiso ni de ignorar las deficiencias; se trata de crear condiciones para que el buen trabajo pueda realizarse, reconocerse y mejorar.


Hoy quiero enfatizar algo, servidor público sindicalizado o no, quien trabaja en el sector central, en los ayuntamientos o en los organismos descentralizados merece ser reconocido por su aportación, evaluado con justicia e impulsado para crecer y superarse.


No importa si su nombre aparece en un directorio de altos mandos o si su labor transcurre en una oficina que pocos visitan. El valor de una persona no depende de su jerarquía, sino también de la responsabilidad con la que ejerce sus funciones, de lo que aporta y de su disposición para aprender y mejorar.


A quienes sirven con honestidad, compromiso y vocación. A quienes resuelven, atienden, proponen y sostienen el trabajo cotidiano de nuestras instituciones. A quienes han experimentado la frustración de no sentirse valorados, de ver su trabajo reducido a un estereotipo o de enfrentar decisiones laborales que les han hecho cuestionar el sentido de su esfuerzo, hoy le digo: ¡Gracias!


Que este 27 de octubre se haya convertido en una oportunidad para mirar más allá del estereotipo, reconocer el esfuerzo y recordar que detrás de cada servicio público hay personas que también necesitan respeto, condiciones dignas y oportunidades para desarrollar su potencial.


Porque para contar con instituciones más confiables, eficientes y humanas, necesitamos tener en claro algo, dignificar al servidor público no significa aplaudirlo en todo, significa reconocer su valor, exigir con justicia y ofrecer las condiciones para que pueda dar lo mejor de sí. 


Rapport: RP inteligente para un mundo urgente. 

YV I Yunuen Vázquez 

Comunicación I Relaciones Públicas I Conducción I Consultoría





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