Auge turístico
- Maribel Pérez

- hace 1 día
- 3 min de lectura

Las proyecciones para el sector turístico en México son históricas. Con el arranque del
Mundial de la FIFA 2026, se estima una derrama económica que superará los 3,000
millones de dólares, impulsada por el consumo de visitantes nacionales e internacionales en las ciudades sede y los destinos conectados. Sin embargo, detrás de la espectacular promoción de los estadios y de las cifras de ocupación hotelera que rozarán el 95%, existe
una realidad de la que poco se habla: la alarmante falta de cultura de aseguramiento en la cadena de servicios y el impacto directo que esto puede tener en las finanzas del viajero.
Frente a la gran promoción actual, existe un vacío de protección real. La realidad técnica del
sector revela que, aunque por normativa muchos establecimientos deberían contar con pólizas de Responsabilidad Civil (RC), una gran parte de los hoteles boutique, restaurantes locales, rutas ecoturísticas y servicios de aventura que saturan las redes sociales operan desprotegidos. Sitios de gran atractivo para el turismo —como los transportes regionales, tours de deportes extremos o experiencias gastronómicas en zonas rurales— carecen en ocasiones de un blindaje financiero ante accidentes o imprevistos, dejando al usuario en una situación de vulnerabilidad económica.
Esta falta de previsión puede convertirse en un serio contratiempo de liquidez, especialmente si consideramos que durante las temporadas de alta concentración masiva
las incidencias médicas suelen incrementarse notablemente. Financieramente, el costo de enfrentar un percance en el trayecto es elevado. Una consulta médica de urgencia en una zona turística puede oscilar entre los $1,500 y $3,500 pesos. Si la situación requiere una hospitalización de 24 horas con estudios de laboratorio, la factura en un centro privado puede ir desde los $25,000 hasta los $60,000 pesos, obligando a las personas a recurrir a financiamientos de última hora con altas tasas de interés.
Para que el auge turístico sea una experiencia completamente positiva, la estrategia
inteligente del consumidor debe ampliarse más allá del tradicional seguro de gastos
médicos. Es fundamental verificar las coberturas correspondientes en tres momentos clave
del viaje:
Al rentar un vehículo: Confiar únicamente en la cobertura básica que ofrecen las
plataformas digitales puede ser un riesgo. Ante la saturación vial por eventos masivos, lo
ideal es contratar una protección total directamente con la arrendadora para evitar que un
imprevisto comprometa la línea de crédito como garantía.
Al asistir a eventos masivos: Los organizadores de conciertos, festivales y partidos de
fútbol internacional tienen la responsabilidad de contar con seguros de RC. La próxima vez
que adquieras un boleto o ingreses a un parque recreativo, vale la pena tomarse un minuto
para revisar si el reverso o las condiciones del acceso especifican la cobertura de viajero.
Verificar es un derecho del consumidor.
La conveniencia de la asistencia directa: Un seguro de viaje integral, cuyo costo diario es
sumamente accesible, no opera bajo el esquema de reembolso tradicional. Su verdadero
valor radica en la asistencia inmediata, donde la compañía coordina la atención con la red
local y liquida los gastos directamente, protegiendo tu flujo de efectivo al instante.
El auge turístico de este año representa una excelente noticia para la economía, pero la
realidad operativa invita a la prevención. Diseñar un escudo financiero propio permite
disfrutar de cada experiencia con total tranquilidad. La verdadera libertad de vivir una fiesta
global comienza cuando la seguridad y el bienestar no se dejan al azar.
Maribel Pérez Reyes
Donde la estrategia se encuentra con la abundancia.
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