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Donde el golpe no lo da la fuerza, sino la mente

Donde el golpe no lo da la fuerza, sino la mente
Donde el golpe no lo da la fuerza, sino la mente

Hay algo en el golf que no se puede explicar desde afuera, no es el paisaje, no es el silencio, no es siquiera el golpe limpio que uno persigue durante toda la ronda y ese encantador sonido de la pelota al ser golpeada con Driver como extensión de uno mismo, es otra cosa. Es una conversación constante con uno mismo.


El reciente torneo de CANACO en el Club de Golf Los Encinos me volvió a recordar por qué este deporte tiene tanto sentido, no como competencia, sino como espacio de conciencia, porque el golf no se juega contra otros, aunque haya marcador, posiciones o resultados; el golf, en realidad, es un diálogo interno donde cada tiro refleja exactamente quién eres en ese momento: tu paciencia, tu claridad, tu confianza… o tu falta de ella.


Como empresario, pocas cosas me parecen tan similares a la toma de decisiones como pararse frente a una pelota sabiendo que no puedes improvisar, claro que puedes tener técnica, puedes tener experiencia, pero si no tienes cabeza y temperamento el golpe simplemente no sale. Y eso es brutalmente honesto, pues en los negocios pasa lo mismo, no siempre gana el que más sabe, sino el que mejor se conoce.


El golf te obliga a algo que hoy es escaso: pensar antes de actuar, visualizar, respirar, entender el terreno, aceptar que no todo depende de ti, pero que lo único que sí depende es tu decisión y ejecución, aun así es probable fallar, enviarla a la trampa, darle a un árbol o enviar la pelota a nadar y ahí está otra lección no se trata de evitar el error, se trata de cómo reaccionas después de él, porque el siguiente tiro siempre llega como una nueva oportunidad.


Por eso el golf es tan incómodo para el ego, no hay manera de esconderse de uno mismo,  no hay equipo que te respalde en el momento del impacto, eres tú, tu mente y tu capacidad de confiar en lo que decidiste hacer y en ese sentido, el campo se parece mucho a la vida, puedes venir de un mal hoyo, pero si no sueltas ese error, el siguiente también se arruina.

El torneo, impulsado por CANACO bajo el liderazgo de Fernando Reyes Muñoz, logró algo que va más allá de lo deportivo: generar un espacio donde las relaciones no se fuerzan, se construyen en un entorno empresarial donde muchas veces todo está estructurado, hay conversaciones que solo suceden caminando un fairway, entre un tiro y otro, con el olor a pasto que empuja la suela de tus pies y te hace flotar en esa alfombra verde inmensa, allí todos bajamos la guardia y sube la autenticidad.


El golf también es un pretexto, un gran pretexto para reencontrarte con personas que aprecias y con las que compartes más que una agenda, para mí, lo más valioso del día estuvo en compartir con amigos de años como Jesús Medrano, Luis Martín Alarcón, Luis Ángel Sobrino, Bélgica Sarabia, Denise Retama, Juan Ernesto García Piña, Jorge Luis Pedraza, Luis Cázares, Andrea Sánchez y Diego Rodríguez, porque al final, uno o que recuerda son las conversaciones.


Me gusta donde el golf trasciende deja de ser deporte y se convierte en espacio, un espacio para pensar, para reconectar, para ajustar la vida mientras ajustas el swing, curiosamente, ambos funcionan igual: cuando fuerzas demasiado, sale peor; cuando confías y fluyes, todo encuentra su lugar.


Quizá esa sea la lección más valiosa de todas, en el golf, como en los negocios y como en la vida, no se trata de golpear más fuerte, sino de entender mejor el momento y lugar exacto en el que debes hacerlo.


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