88º aniversario de la Expropiación Petrolera
- Julian Sobrino Díaz

- hace 19 horas
- 3 Min. de lectura

Energía, soberanía y tragedia: tres señales en el tablero petrolero de México
En México, el petróleo no es solo un recurso: es símbolo, identidad y memoria histórica, este 18 de marzo se conmemora el 88º aniversario de la Expropiación Petrolera, un acto que redefinió la relación del Estado con sus recursos y consolidó una narrativa de soberanía energética que aún hoy sigue vigente en el discurso político y el ideario nacional.
Sin embargo, este aniversario no llega en un contexto cualquiera, coincide con un escenario internacional volátil, donde la energía vuelve a ser instrumento de poder y con un hecho trágico que nos obliga a mirar hacia adentro: la muerte de cinco personas tras un accidente en las inmediaciones de la Refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco.
Tres hechos aparentemente aislados que, en realidad, forman parte de una misma conversación.
La historia nos recuerda que en 1938 México decidió tomar control de su destino energético. Hoy, casi nueve décadas después, esa decisión se enfrenta a una realidad global mucho más compleja. El reciente bloqueo casi total en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas del comercio energético mundial ha provocado una escalada en los precios del crudo que no se veía desde momentos críticos de la geopolítica reciente.
El Brent superó los 100 dólares por barril a inicios de marzo, alcanzando picos de hasta 126 dólares. No es un dato menor, es una señal de alerta, cuando el petróleo sube de esa manera, no solo se encarece la gasolina: se tensionan las economías, se reconfiguran las alianzas internacionales y se redefine el equilibrio de poder global.
Para México, país productor pero también importador de combustibles refinados, este fenómeno tiene implicaciones directas, por un lado, mayores ingresos potenciales por exportación; por otro, presión interna sobre precios, subsidios y finanzas públicas, la soberanía energética, en este contexto, deja de ser un concepto romántico para convertirse en un desafío técnico, logístico y estratégico.
Y es aquí donde el tercer elemento entra con fuerza: Dos Bocas.
La Refinería Olmeca fue concebida como uno de los pilares del proyecto energético contemporáneo de México, su objetivo es claro: reducir la dependencia del exterior y fortalecer la capacidad de refinación nacional, sin embargo, el accidente ocurrido el 17 de marzo, que cobró la vida de cinco personas, introduce una dimensión que no puede ser ignorada: el costo humano de la infraestructura energética.
Más allá de las investigaciones que deberán esclarecer responsabilidades, este hecho plantea preguntas incómodas pero necesarias. ¿Estamos construyendo soberanía con estándares de seguridad de clase mundial? ¿La prisa por consolidar proyectos estratégicos está dejando espacios de vulnerabilidad? ¿Qué tan preparados estamos para operar infraestructura de alta complejidad en un entorno global cada vez más exigente?
Porque la energía no solo se mide en barriles, sino en vidas. La Refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, tiene una capacidad de diseño para procesar 340,000 barriles diarios de crudo, a finales de 2025 y principios de 2026, la producción ha mostrado variaciones, reportándose cifras entre 206,000 y 270,000 barriles diarios en meses de operación activa sin embargo reportes del 2006 informan que actualmente la refinería se encuentra por debajo del 40% de su capacidad.
Hoy, mientras se evocan los discursos de Lázaro Cárdenas y la defensa de los recursos nacionales, México enfrenta una paradoja, nunca antes había sido tan urgente fortalecer la autosuficiencia energética, pero tampoco había sido tan evidente que esta no puede lograrse a cualquier costo.
El mundo está cambiando, la geopolítica del petróleo ya no depende únicamente de quién lo posee, sino de quién puede producirlo, transportarlo y transformarlo de manera eficiente, segura y sostenible, en ese tablero, México tiene una posición relevante, pero también retos estructurales que no pueden resolverse con narrativa y discursos mañaneros.
El aniversario de la Expropiación Petrolera debería ser, más que una conmemoración, un punto de reflexión, no basta con recordar el pasado; es indispensable cuestionar el presente y, sobre todo, diseñar el futuro.
Porque entre el alza del petróleo, las tensiones internacionales y las tragedias locales, hay un mensaje claro: la soberanía energética no se decreta, se construye y debe hacerse con visión, responsabilidad y sobre todo respeto absoluto por la vida y la seguridad de quiénes forman parte de ésta industria.
Hoy, más que celebrar, México está llamado a replantear.














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