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Corresponsabilidad familiar: ¿es suficiente legislar para cambiar una cultura machista de siglos?

hace 19 horas
3 min de lectura
Corresponsabilidad familiar: ¿es suficiente legislar para cambiar una cultura machista de siglos?
Corresponsabilidad familiar: ¿es suficiente legislar para cambiar una cultura machista de siglos?

Hay reformas que son necesarias. Hay reformas que son políticamente correctas. Y hay reformas que, además de necesarias y políticamente correctas, nos obligan a preguntarnos si la ley puede transformar aquello que durante siglos aprendimos en casa.


La reciente reforma en materia de corresponsabilidad familiar en el Estado de México pertenece, sin duda, a esta última categoría. (11 de marzo del 2026) El Congreso mexiquense modificó diversas disposiciones para incorporar la corresponsabilidad familiar como un principio que busca promover una distribución más equilibrada de las tareas domésticas, la crianza, los cuidados y las responsabilidades dentro de las familias. También se establecen obligaciones para las instituciones y los municipios en materia de promoción de esta cultura.


La intención es difícil de cuestionar: durante generaciones, el cuidado de los hijos, de las personas mayores, de quienes enferman y del propio hogar ha recaído desproporcionadamente sobre las mujeres.

Y no estamos hablando solamente de una percepción. En el Estado de México, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa un valor económico equivalente a "lo que hacen las mujeres en casa" tiene un peso económico enorme.

Por eso, reconocer la corresponsabilidad en la ley es un avance. Pero aquí comienza la pregunta incómoda: ¿Es suficiente legislar para cambiar una cultura de siglos?

Porque una cosa es modificar el lenguaje de las leyes y otra muy distinta modificar las costumbres de las familias.


Podemos establecer en una norma que hombres y mujeres deben compartir las responsabilidades del hogar. Pero ninguna ley puede obligar a una pareja a comprender que cuidar a sus hijos no es "ayudarle" a la madre. Tampoco puede imponer por decreto que un padre deje de considerar que lavar los platos, preparar la comida o llevar a los hijos a la escuela son favores que realiza ocasionalmente.


El problema es mucho más profundo. Durante generaciones educamos a las niñas para cuidar y a los niños para ser cuidados. A ellas se les enseñó que una buena mujer debía saber cocinar, limpiar, organizar la casa y estar pendiente de todos. A ellos, muchas veces, se

les enseñó que su principal responsabilidad era proveer.


Cambiar esa estructura requiere mucho más que una reforma legislativa. Requiere educación desde la infancia. Requiere políticas públicas de cuidados. Requiere horarios laborales compatibles con la vida familiar. Requiere guarderías, escuelas de tiempo completo, servicios para adultos mayores y personas con discapacidad. Y requiere, sobre todo, cambiar la idea de que el cuidado es una obligación femenina.


Porque también debemos tener cuidado con algo: no podemos convertir la corresponsabilidad en una nueva carga para las mujeres.


Sería paradójico que, además de trabajar, criar, cuidar y administrar el hogar, ahora también tuvieran que convertirse en las "supervisoras" de la corresponsabilidad: recordarles a los hombres que deben participar, repartir las tareas, explicar qué hay que hacer y verificar que efectivamente lo hagan.


Eso no sería corresponsabilidad. Sería una nueva forma de trabajo invisible. La verdadera corresponsabilidad comienza cuando nadie tiene que pedirle al otro que cumpla con lo que también le corresponde.


Por eso celebro que el Estado de México avance jurídicamente en esta materia, pero también creo que debemos exigir algo más: presupuesto, políticas públicas, educación y mecanismos que hagan posible aquello que la ley reconoce como deseable.


Porque las leyes pueden cambiar las reglas, pero no cambian automáticamente las costumbres.

Y quizá ahí esté el verdadero reto de esta reforma.


No se trata solamente de conseguir que un hombre lave los platos porque la ley habla de corresponsabilidad familiar. Se trata de conseguir que un niño crezca viendo a su padre cocinar, cuidar, limpiar, acompañar y criar, no como una excepción ni como un favor, sino como parte natural de ser padre.


Porque una cultura que tardó siglos en construirse tampoco cambiará en un sexenio.

La ley puede abrir la puerta. Pero para atravesarla, hace falta que cambie la sociedad.


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