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Competir en tiempos de incertidumbre

Competir en tiempos de incertidumbre
Competir en tiempos de incertidumbre

La presión geopolítica que ya resienten las pymes.


La idea de que la incertidumbre global es asunto de gobiernos, aranceles o grandes

corporativos se está desmoronando con la misma velocidad con la que desaparecen los trendings en redes sociales.


En México, las mipymes representan 99.8% de las unidades económicas del país, y una gran parte de ellas ya ha resentido los efectos de este entorno con pedidos pospuestos, ó con proveedores que endurecieron las condiciones; algunos simplemente por que notaron que su flujos que se tensó casi al límite en estas últimas semanas.


Por eso el tema de la presión geopolítica dejó de sonar lejano. Y seamos honestos esa presión no se presentó de forma espectacular. No llegó como una cancelación masiva, una crisis visible o un colapso repentino. Recientemente se metió por rendijas más discretas, se nota por que cada vez es mas frecuente que las conversaciones comerciales terminan en un “déjame revisarlo”. Y aunque cada caso parezca aislado, entre todas empiezan a dibujar algo más grande: un entorno donde la cautela se volvió parte del mercado.


Ahí es donde la geopolítica dejó de ser un tema lejano y se convirtió en regional. Porque entre guerras, tensiones comerciales, petróleo, elecciones y reacomodos globales, el mundo entró en una etapa más nerviosa y más difícil de leer. Ese fue, en el fondo, uno de los puntos más relevantes que recientemente puso sobre la mesa Andrés Oppenheimer en su conferencia en la Asamblea de Caintra. El argentino resaltó que la volatilidad ya no puede entenderse como un episodio aislado. Se está volviendo una condición de fondo. Y cuando eso pasa, la presión termina bajando al mercado, al ritmo de inversión y, por supuesto, a la operación cotidiana de las pymes.


Uno de los ejemplos más claros está en los fertilizantes, estos conectan la geopolítica con la

vida diaria. Reuters reportó que la guerra con Irán y la disrupción en la zona del Golfo han

golpeado el mercado global de estos productos, justo porque por esa región pasan flujos clave de urea, amoníaco, azufre y gas natural. En ese contexto, los precios de algunos fertilizantes han subido entre 30% y 40%, y la urea de Medio Oriente superó aumentos de 40%.


A eso se sumó otro factor: Rusia suspendió por un mes sus exportaciones de nitrato de

amonio, un fertilizante nitrogenado clave, en medio del apretamiento global de oferta. Reuters señala que Rusia concentra hasta 40% del comercio mundial de ese producto.

El resultado no solo se ve en el precio del fertilizante. Empieza a presionar toda la cadena.

Producir alimentos se vuelve más caro, los márgenes se estrechan, el transporte y la

distribución absorben más tensión y, tarde o temprano, esa presión termina llegando al

pequeño comercio, al negocio familiar, al restaurante, al distribuidor y a la pyme que depende

de que el consumo siga girando con cierta normalidad.


Muchas veces se piensa que, en escenarios así, lo único que queda es aguantar. Pero no

necesariamente. También puede ser el momento para que muchas pymes hagan algo que en

etapas más cómodas suelen posponer: revisar con más seriedad en dónde están ganando

dinero de verdad, qué clientes se han vuelto demasiado costosos de sostener, qué gastos

antes parecían manejables y hoy ya pesan distinto, y qué decisiones se siguen tomando por

costumbre y no por prioridad. La incertidumbre no siempre trae claridad, pero sí obliga a dejar de fingir que todo puede seguir igual.


También puede ser una oportunidad para fortalecer algo que durante mucho tiempo muchas

pymes han subestimado: su capacidad de leer contexto. Porque no todo depende del tamaño, ni del acceso a grandes herramientas, ni de tener un área formal de estrategia. A veces depende más de qué tan rápido una empresa identifica que el entorno cambió, qué tan

honesta es para reconocer dónde se volvió más vulnerable y qué tan dispuesta está a ajustar

antes de que la presión la obligue. En un mercado más sensible, esa capacidad vale mucho.

La pyme ya no solo compite con sus errores internos. También compite en un mundo que se

volvió más caro, más sensible y más difícil de leer. Pero justamente por eso, las empresas que

desarrollen mayor claridad para decidir, mayor disciplina para cuidar su flujo y mayor capacidad para adaptarse no solo podrán resistir mejor: también podrán encontrar oportunidades donde otras solo verán presión.


Porque en contextos como este, entender antes qué está cambiando permite ajustar compras, cuidar márgenes, fortalecer relaciones con clientes y proveedores, y dejar de reaccionar tarde a señales que ya estaban ahí.


En estos tiempos la ventaja competitiva no se mide por tamaño de empresa, sino por criterio

para moverse en un entorno que ya no premia solo el esfuerzo, sino también la capacidad de

leer el momento con madurez.


¡Hasta la próxima!


El autor es consultor en excelencia operativa y estrategia industrial. Es autor del libro

“Habilidades Híbridas”, en el que plantea la integración entre precisión técnica y

comprensión humana como base para decidir mejor y ejecutar con mayor efectividad.


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