Con el tiempo, casi todo en nuestra vida cambia.
Cambiamos de ropa.
Nuestro estilo evoluciona.
Renovamos el clóset sin pensarlo demasiado.
También cambiamos de coche.
A veces porque ya no nos gusta,
a veces porque ya no nos funciona.
Pasamos de algo deportivo a algo familiar.
De algo emocional… a algo práctico.
Nos adaptamos.
Pero cuando se trata de la casa, pasa algo extraño.