La noche en Xi’an no cae: se enciende. Entre vapores, luces y el murmullo denso de miles de cuerpos en movimiento, el Barrio Musulmán se convierte en un organismo vivo que respira al ritmo de la comida. Ahí, donde el humo perfuma el aire y las manos trabajan sin pausa, comenzó una de esas experiencias que no se explican: se hierven.