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La Niñera Digital

Hoy quiero iniciar haciéndote una pregunta ¿Quién está educando realmente a tus hijos?

 

No me malinterpretes. No soy de esos que creen que todo tiempo pasado fue mejor. Tampoco pienso que la tecnología sea el enemigo. Si has leído otras entregas de Homo Algorithmus, sabes perfectamente que soy un apasionado de la innovación. Vivo de ella, la estudio y trato de incorporarla a mi vida todos los días.


A ver, soy papá. Y como cualquier papá del siglo XXI, más de una vez he recurrido a una pantalla para ganar unos minutos de tranquilidad. No me da pena decirlo. Estoy seguro de que muchos de los que hoy leen esta columna también lo han hecho. Una caricatura mientras preparas la comida, un video en lo que termina una reunión o una tablet durante un viaje largo.


Hace algunos años, la televisión era igual para todos. A las cuatro de la tarde había caricaturas y eso era lo que veían millones de niños al mismo tiempo. Si el programa terminaba, había que esperar hasta el día siguiente.


Hoy eso desapareció. Ahora cada niño tiene una programación distinta. Porque ya no existe un programador de televisión. Existe un algoritmo. Uno que observa cuánto tiempo permanece viendo un video, cuáles repite, cuáles abandona, qué personaje le gusta, qué colores captan más su atención, qué música lo mantiene enganchado y hasta en qué momento pierde el interés.


Mientras tú ves a un niño entretenido... El algoritmo está aprendiendo quién es.


Y aquí es donde la conversación deja de ser tecnológica para convertirse en profundamente humana. Porque los niños todavía no tienen un criterio formado. No distinguen entre contenido diseñado para enseñar y contenido diseñado únicamente para retener su atención. Y no nos damos cuenta que detrás de cada recomendación existen modelos matemáticos cuyo objetivo principal no es educarlos. Es mantenerlos ahí un minuto más. Y por supuesto, comerciales bien segmentados.


No es casualidad que hoy existan videos con cambios de cámara cada pocos segundos, colores exageradamente saturados o estímulos constantes. Está diseñado así con toda alevosía.


Lo preocupante es que esa ingeniería comienza a moldear la forma en que nuestros hijos aprenden a relacionarse con el mundo. ¿No es aterrador?

 

Si todo cambia cada tres segundos... ¿Cómo pedirles paciencia?


Si cada respuesta llega inmediatamente... ¿Cómo enseñarles a tolerar la frustración? Si el algoritmo siempre les muestra exactamente lo que quieren ver…¿Cómo descubrirán aquello que nunca buscarían por sí solos?


No estoy diciendo que YouTube, Netflix o TikTok estén criando a nuestros hijos.


Están participando en esa crianza, y muchas veces lo hacen durante más horas al día que algunos adultos. Eso debería hacernos reflexionar. Porque educar nunca fue solamente enseñar matemáticas o historia, también es formar la atención, la curiosidad, la paciencia, la capacidad de aburrirse, la empatía… en fin lo que nos hace humanos sociales. Y ninguna de esas habilidades se desarrolla deslizando un dedo sobre una pantalla.


Pero ¿qué hacemos? ¿Le bajamos el switch y los obligamos a enlodarse? A veces, la verdad, si. Pero más allá hay que acompañarlos en esta era que sí o sí les toca vivir. Sentarnos a ver con ellos lo que consumen y preguntarles qué piensan, reírnos con ellos, escuchar por qué les gusta determinado contenido.


¡Poner límites, claro! pero también contexto.


Porque el algoritmo nunca va a querer educar a tu hijo. Va a querer conocerlo. Justo en estos días un gran amigo me mandó un video dónde explicaban que TikTok no hace estúpida a la gente, ya consumían cosas estúpidas, solo el algoritmo aprendió lo que querían. Y mientras mejor lo conozca, mejor podrá mantener su atención.


La pregunta no es si nuestros hijos van a crecer rodeados de inteligencia artificial. Eso ya ocurrió (amiga date cuenta). La verdadera pregunta es si crecerán aprendiendo a pensar por sí mismos... o si permitirán que un algoritmo decida, desde muy pequeños, qué merece su atención.


Porque educar no consiste únicamente en enseñarles qué deben aprender. Consiste en enseñarles quién decide lo que consumen… porque tú lo haces ¿verdad?

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