La camiseta más vendida de la historia del fútbol
- Julian Sobrino Díaz

- hace 2 horas
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Adidas entendió que los mexicanos no queríamos vestir una selección, queríamos vestir nuestra historia.
Hay campañas de marketing que ganan premios, otras que venden millones de productos y unas cuantas, muy pocas, que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un país. Eso parece estar ocurriendo con la nueva camiseta de la Selección Mexicana para el Mundial de 2026, una prenda que dejó de ser un uniforme deportivo para convertirse en un fenómeno económico, cultural y social que probablemente nadie imaginó cuando comenzó a diseñarse.
Durante años las marcas deportivas apostaron por uniformes minimalistas, diseños internacionales y conceptos tan globales que podían pertenecer prácticamente a cualquier selección del mundo. Esta vez ocurrió exactamente lo contrario. Adidas entendió que México no necesitaba parecerse a Europa ni copiar tendencias; necesitaba volver a mirarse a sí mismo, el resultado fue una camiseta inspirada en uno de los símbolos más importantes de nuestra historia prehispánica, la Piedra del Sol, conocida popularmente como el Calendario Azteca, integrando en su centro el emblema de la Federación Mexicana de Futbol, curiosamente, el permiso otorgado por el INAH para utilizar este elemento tuvo un costo cercano a los 40 mil pesos, una cifra casi simbólica si se compara con el negocio que terminaría generando.
Hoy la camiseta se vende entre los 2 mil y los 3 mil pesos, según el modelo, un precio que hace apenas unos años habría parecido exagerado para un jersey deportivo, sin embargo, el mercado volvió a demostrar que las personas rara vez compran únicamente un producto; compran aquello que representa algo para ellas. Hasta este momento se calcula que se han vendido más de cinco millones de camisetas oficiales, convirtiéndola en la camiseta de selección nacional más vendida de la historia, aproximadamente la mitad fueron adquiridas en México y la otra mitad en Estados Unidos, un dato que explica mucho más que una estadística comercial, pues del otro lado de la frontera viven más de 37 millones de personas de origen o ascendencia mexicana que encontraron en este uniforme una manera de mantener vivas sus raíces y de sentirse parte de un país que, aunque muchas veces quedó atrás geográficamente, nunca dejó de ocupar un lugar en su identidad y en su corazón.
Desde una perspectiva de negocios, pocas historias son tan interesantes como esta, considerando únicamente las ventas oficiales realizadas por Adidas, la facturación ronda ya los 15 mil millones de pesos y la cifra podría seguir creciendo si México mantiene el buen paso en el Mundial. En el deporte las victorias también venden, cada partido ganado incrementa el deseo de pertenecer a la historia que se está escribiendo y pocas estrategias comerciales resultan tan efectivas como un equipo que logra ilusionar a su afición.
Naturalmente, semejante éxito también produjo un fenómeno muy mexicano, diversas estimaciones del mercado señalan que por cada camiseta original existen al menos tres versiones clonadas, lo que probablemente convierte a este uniforme en el más pirateado de toda la historia del fútbol. Paradójicamente, lejos de disminuir su valor de marca, la piratería termina confirmando su éxito, nadie dedica tiempo, dinero y creatividad a copiar un producto que no genera deseo, en términos de mercado informal, la mejor publicidad sigue siendo la demanda de un producto.
Lo verdaderamente brillante de esta historia es que Adidas entendió que la innovación no siempre consiste en crear algo completamente nuevo; en ocasiones consiste en rescatar aquello que las personas ya aman y reinterpretarlo para una nueva generación, no es casualidad que miles de aficionados hayan encontrado en este uniforme un homenaje a la legendaria camiseta utilizada por México en Francia 98, diseñada por ABA Sport y considerada por muchos como la más hermosa que ha vestido nuestra selección. Aquella playera quedó grabada en la memoria colectiva con los 4 goles de Luis Hernández “El Matador” o los goles de Peláez, Aspe y Cuauhtémoc Blanco, casi tres décadas después volvió esa emoción de muchos convertida en una reinterpretación moderna que conecta con la nostalgia sin dejar de sentirse contemporánea.
Existe una frase muy conocida en marketing que dice que las marcas más exitosas no venden productos, venden emociones, yo iría todavía más lejos, las grandes marcas venden identidad, eso explica por qué millones de personas estuvieron dispuestas a pagar varios miles de pesos por una camiseta mientras otras permanecían meses en los aparadores con descuentos permanentes como la camiseta naranja fosforescente con triangulos negros que usó México en el mundial de Brasil 2014 que parecía más al sueter de Charie Brown que una camiseta deportiva.
La diferencia nunca estuvo en la calidad de la tela ni en la tecnología del tejido; estuvo en que esta vez los mexicanos sintieron que el uniforme hablaba de ellos, de su historia, de sus raíces y de un pasado del que vale la pena sentirse orgullosos.
La verdadera lección para cualquier empresario es que el activo más valioso sigue siendo entender profundamente a sus consumidores, Adidas no vendió cinco millones de camisetas porque diseñó un uniforme; vendió cinco millones porque logró fabricar un símbolo y cuando una marca consigue que las personas no solamente compren un producto, sino que quieran ponerse su historia sobre el pecho, deja de competir por precio y comienza a ocupar un lugar en la memoria colectiva, yo ya me compré mi camiseta de México y también la amo.







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