Día de la Candelaria: tradición, fe y maíz que unen a México.
- Jaime Arriaga

- hace 1 día
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Cada 2 de febrero, México celebra el Día de la Candelaria, una de las tradiciones culturales y religiosas más arraigadas en la vida social del país, donde la fe, la historia y la gastronomía se encuentran en torno a la mesa familiar con tamales y atole como protagonistas.
Esta fecha marca el cierre del ciclo navideño y conmemora, en la tradición católica, la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María, acontecimiento que ocurre 40 días después del nacimiento de Jesús. En iglesias de todo el país, es común la bendición de velas y la presentación del Niño Dios, muchas veces vestido con atuendos tradicionales o simbólicos.
Más allá del ámbito religioso, el Día de la Candelaria refleja el sincretismo cultural que caracteriza a México.
Antes de la llegada de los españoles, los pueblos originarios realizaban ceremonias vinculadas al calendario agrícola y al culto al maíz, alimento sagrado y base de la identidad mesoamericana. Con la evangelización, estas prácticas se fusionaron con la celebración católica, dando origen a una tradición profundamente mexicana.
El consumo de tamales y atole tiene un significado especial. Elaborados a base de maíz, estos alimentos representan abundancia, comunidad y continuidad cultural.
La costumbre está ligada a la Rosca de Reyes: quien encuentra la figura del Niño Jesús el 6 de enero adquiere el compromiso de compartir tamales el 2 de febrero, fortaleciendo la convivencia entre familiares, amistades y vecinos.
En todo el país, hogares y cocinas se llenan de aromas que evocan memoria e identidad: tamales de salsa verde o roja, dulces, de hoja de maíz o de plátano, acompañados de atole blanco, de chocolate o de sabores tradicionales. Más que un acto gastronómico, se trata de un ritual social que refuerza los lazos comunitarios y celebra el valor del compartir.
El Día de la Candelaria sigue siendo, año con año, una expresión viva del patrimonio cultural mexicano, donde el maíz, la fe y la convivencia se mantienen como símbolos de identidad y tradición que pasan de generación en generación.



























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