Llenar el álbum mundialista es una vivencia que se recuerda.
- Jaime Arriaga

- 19 may
- 1 min de lectura

Desde que Panini lanzó esta edición el 30 de abril, quedó claro que no era un álbum cualquiera. Son 980 estampas, 48 selecciones y un reto que no solo mide dinero, sino pasión.
Abrir un sobre sigue siendo magia: el sonido del papel, la esperanza de que salga esa estampa que falta, la frustración de la repetida… y la sonrisa cuando alguien te dice: “sí la tengo, te la cambio”.
Cada página de este álbum carga historia. Es imposible no pensar en:
Copa Mundial de la FIFA México 1970, el inicio de todo, con la legendaria estampa de Pelé
Copa Mundial de la FIFA España 1982, donde brillaron los cromos
Copa Mundial de la FIFA Francia 1998, el álbum de toda una generación
Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022, con sus estampas “extra”
Cada uno fue especial… pero este se siente diferente.
La despedida silenciosa
Porque este álbum también es un adiós.

Con la llegada de Fanatics a partir de 2031, el formato clásico tiene fecha de caducidad.
Lo que viene serán tarjetas exclusivas,
firmas, rarezas digitales. Pero esto… esto es otra cosa.
Es el intercambio en la banqueta.
Es negociar con desconocidos que se vuelven aliados.
El verdadero valor
Sí, completar el álbum puede costar miles de pesos. Pero el verdadero valor no está en el dinero.
Está en los fines de semana buscando la última estampa.
En los amigos que se juntan para llenar uno solo.
En ese momento exacto en que pegas la última… y sabes que no es solo un álbum, es un recuerdo.







Comentarios